lunes, 17 de septiembre de 2012

"ATRAPADOS EN EL PASADO. UNA AVENTURA DE SPIROU Y FANTASIO" de Frank Le Gall

Título Original: Les marais du temps
Autor: FRANK LE GALL
ISBN/ASIN: 9788467498820
Editorial: Planeta de Agostini
Fecha de edición: 2010
Número de páginas: 56

Sinopsis:
¿Habrá muerto Zorglub? Lleva meses sin dar señales de vida. El Conde de Champignac empieza a preocuparse cuando recibe un mensaje.. ¡del siglo XIX! El Conde de Champignac, Spirou y Fantasio encuentran a Zorglub en 1865, en París, en el barrio del Marais, después de haber forzado las fallas del tiempo. Allí deberán hacer frente a una banda de asesinos… ¡y a las paradojas del tiempo!




Jareth: COMPLEJO DEL CAMBIO DE AGUJAS DE TIEMPO

Aquí tenemos una de las nuevas aventuras, independientes de la colección principal,  de "Spirou y Fantasio", una de las series de comics más celebradas y memorables del cómic franco-belga, a la altura de Tintín, Astérix o Lucky Luke, por poner algunos ejemplos de sobras conocidos.

Esta historia en concreto, titulada "Atrapados en el Pasado", está guionizada y dibujada por Frank Le Gall, autor galo que pese a trabajar en la revista Spirou desde que tenía 20 años aún no había publicado ningún album sobre estos dos personajes. Su aportación a la revista Spirou hasta la fecha se centraba en la elaboración de las aventuras de "Theodore Poussin", que actualmente está siendo publicada en albunes integrales también por Planeta. 



He de decir que el hecho de que este album no estuviera realizado por Franquin, Fournier, Tomé y Janry o Morvan y Munuera, por citar algunos de los principales historietistas de la serie, me daba un poco de reparo al principio. Pero bueno, que mejor opción que leerlo y juzgar con conocimiento. Y he de decir que, una vez hecho, el resultado ha sido francamente bueno sin llegar a ser notable. Me he encontrado con una buena aventura, que respeta al cien por cien la personalidad de los personajes y que además tiene a su favor unas ilustraciones más que destacadas, sobretodo en cuanto a ambientación y localizaciones se refiere. Es evidente que Le Gall no es Franquin ni tampoco lo pretende. Su estilo es bien distinto. Por ejemplo, su Spirou a nivel de diseño y vestuario queda lejos del jovencito vestido de botones de los inicios, sin que ello signifique la perdida de la idiosincrasia  vital que lo  hiciera célebre.

"Atrapados en el Tiempo" es un cómic con todo lo que se le puede exigir a un cómic protagonizado por Spirou y Fantasio, a saber:  buenas dosis de humor, aventura y cierto suspense.   En él el entretenimiento y la diversión están asegurados si se lee sin prejuicios, sin entrar al trapo en  inútiles comparaciones.



Le Gall juega con el socorrido tema de los viajes temporales y sus consecuencias sirviéndose de lo que, en boca del Conde de Champigñac,  llama  “complejo del cambio de agujas de tiempo” y que tiene que ver no con las agujas de un reloj, como se pudiera pensar en un principio, si no con las del cambio de raíl en los ferrocarriles. Es decir que pese a moverse en un terreno ya bastante trillado tanto en la literatura como el cine, no digamos en el cómic, consigue que esto no nos importe demasiado. La frescura de la aventura y los personajes son más que suficientes para mantener el interés del lector a lo largo de sus 56 páginas.

Otro de las detalles curiosos, originales y simpáticos de este cómic, y que me ha llamado gratamente la atención,  es que en la última página reune un pequeño glosario de términos  caló que sirve para entender a algunos de los personajes que lo hablan, tal y como se hablaba en el barrio de Marais en el París del siglo XIX.




Aunque tengo claro que personalmente prefiero el Le Gall de "Theodore Poussin"  a todos los niveles, gráficos y de guión, también es cierto que no encuentro que este sea un mal cómic, ni  tan siquiera mediocre. Éste es  un trabajo hecho con solidez y oficio por un autor que conoce tan bien a los  personajes que se trae entre manos como bien conoce los entresijos de su trabajo. 

Quiero advertir que son varias las reseñas que no hablan muy bien de este tebeo en la blogosfera. Y también creo saber por qué después de leerlas atentamente.  Pienso que en gran medida "Atrapados en el pasado" se ha visto perjudicado a la hora de ser valorado, incluso disfrutado,  por el más personal "Theodore Poussin" y  su precedente, en estas aventuras independientes de Spirou y Fantasio, el también magnífico  "Diario de un ingenuo" de Emile Bravo. Es decir, que las expectativas de su aparición han sido tan  altas que es normal que el fantasma de la decepción haya hecho mella en algunos lectores. Pero, si ignoramos estos dos referentes, centrándonos únicamente en la historia que  Le Gall nos ofrece para la ocasión, estoy convencido  que serán muchos los que encuentren en él la indudable calidad habitual  de un cómic de la BD,  llegando a disfrutarlo tanto como lo hice yo. 

Mi valoración: 6'5 ( sobre 10 )


domingo, 9 de septiembre de 2012

"SIEGFRIED. LA TRILOGÍA" de Alex Alice




Jareth: BRILLANTE CLAUSURA 


Por fin ha aparecido “El crepúsculo de los Dioses”, la tercera y última entrega de la estupenda trilogía “Siegfried” de Alex Alice, cuyo primer título se editó por vez primera en nuestro país en el 2008. Cuatro años hemos tardado en ver el colosal final de una de las series más épicas, espectaculares y emotivas de los últimos años. Una serie que, en mi opinión, se convertirá en todo un clásico del cómic de aventuras y cuya versión animada, a cargo del mismo Alice, esperemos en breve se vea estrenada en la gran pantalla tal y como está previsto.  

Los tres albums que componen la saga son “Siegfried”, “Siegfried II: La Valquiria” y “Siegfried III: El crepúsculo de los Dioses” y están lujosamente editados por NORMA EDITORIAL. El argumento base de la trilogía de Alice  no es otro que el mítico drama musical “El anillo del Nibelungo” ( Der Ring des Nibelungen), cuya composición exigió del compositor alemán Richard Wagner 26 años de su vida y que hunde sus raíces, con plena libertad creativa, en figuras y elementos de la mitología germana, particularmente de las Sagas islandesas, así como del “Cantar de los Nibelungos”, el poema anónimo germano del siglo XII que era considerado por los románticos alemanes como su “Saga Nacional” por excelencia.  La mencionada obra de Wagner se compone de cuatro   óperas épicas que son “El Oro del Rin”, “La Valquiria”, “Sigfrido” y “El crepúsculo de los dioses”. No obstante, a diferencia de P. Craig Russell que sí las adaptó fielmente y al completo, Alice se centra tan sólo una parte de la vasta tetralogía wagneriana. En concreto en toda aquella  que tiene como principal epicentro al personaje de Siegfried. Aún así,  la obra abunda en  necesarias referencias a hechos anteriores que permiten entender el drama de los personajes en toda su magnificiencia, y que son introducidas por el francés con plena maestría y tino. 


El primer album se inicia majestuosamente con un prólogo (“Obertura” en referencia a su origen musical) vigoroso, dramático y carente de diálogos. Todo él está narrado únicamente con imágenes, en una  sinfonía visual de viñetas, a cual más impresionante, que muestra ya desde el inicio la poderosa habilidad narrativa del guionista y dibujante francés. En ella vemos  a dos personajes, un hombre y una mujer, que azotados por una sobrecogedora tormenta de nieve, avanzan penosamente por un bosque. La mujer está embarazada y parece que huyen de alguien. Al llegar a una llanura, frente a un lago helado, son alcanzados por sus perseguidores: un grupo de indiferenciados jinetes, que ocultan sus rostros tras fantasmagóricos  yelmos, y que van completamente vestidos de blanco, como completamente blancas son sus monturas. Rodean a la joven pareja y se mantienen a distancia, esperando algo… o a alguien. Entonces, de  una  enorme nube negra, desciende, a lomos de un caballo negro, un gigantesco jinete que lleva una lanza y viene seguido de un par de cuervos (aunque la escena es muda, queda instantánea e inequívocamente claro que se trata de Odín, Wotan, padre de todos, y sus inseparables cuervos Hugin y Munin). Éste extiende su amenazante lanza hacia la sufrida pareja, en gesto de condena, y el joven, acorralado,  se lanza contra él espada en mano...
 Pero prácticamente nada puede romper la sagrada lanza de Odín, que representa la inquebrantabilidad de su ley, y la espada se rompe cuando golpea con ella. Acto seguido, el aguerrido hombre es fulminantemente atravesado por la lanza, cayendo inerte junto a su amada, que se retuerce del dolor y mira suplicante al implacable Dios. Como única respuesta, Odín se arrodilla junto a la hermosa joven y le retira una dorada manzana del pecho. Le retira su inmortalidad. Luego la abandona a su mortal suerte, desvalida y sola  en la rugiente tormenta. Pero hay alguien que aún observa, por unos instantes,  a la agonizante muchacha desde el linde del bosque. Uno de los jinetes blancos. Una de las valquirias. Luego desaparece, la chica desfallece sobre la nieve, y  la quebrada espada del joven se hunde en las heladas aguas del lago. 


De esta bella y dramática forma da comienzo una saga que no pierde interés en ningún momento, incluso para aquellos que  ya conozcan la historia por otras fuentes. Y es que Alex Alice ha sabido imponerle su impronta propia al clásico, más allá de lo puramente gráfico, dando a los socorridos personajes su toque personal, una voz propia, pese a la enorme deuda contraída con sus orígenes.


También introduce una estructura narrativa distinta, en absoluto clásica, y alejada del original. Una vez acabado el prólogo, anteriormente explicado, el autor nos traslada a una húmeda caverna construida de forma natural por una agrupación de  retorcidos árboles, completamente cubiertos por un verdísimo musgo, y en el centro de la cual hay una laguna. Frente a ella, a ambos lados, se encuentran una valkyria y Volvä, una ancestral criatura con cuerpo de árbol y cabellera de helechos, que tiene como don el manejar las estancadas aguas para mostrar el pasado, el presente o el futuro, a quien éste dispuesto a pagar un precio por ello. Ambas conversan acerca de un tal Siegfried, del que la valkyria quiere saber si tendrá éxito en su empresa. La vieja Volvä remueve las aguas y vemos, al igual que la valkyria, una serie de acontecimientos pasados que nos ponen en antecedentes. Así descubrimos como Odín sometió todo lo conocido al poder de su lanza Gugnir, de su ley. Todo menos una cosa. Todo menos el Oro. Un Oro que otorga un terrible poder a quién lo posee, pero que  a cambio exige una infinita renuncia a amar o ser amado. Odín, que no estaba dispuesto a renunciar al amor, ocultó el Oro bajo las aguas de una laguna y puso a la mayor de sus hijas,  una valkyria, como su guardiana. Y así permaneció, fiel a su cometido, exiliada desde la noche de los tiempos, hasta que un buen día descubrió algo que Odín no había previsto: un apuesto joven se arrodilló sobre las aguas de la laguna, ella lo vio y se enamoró perdidamente. Su descuido fue aprovechado por Fafnir, el más repulsivo del pueblo de los nibelungos, criaturas que cavan la tierra, temerosos de la luz del Sol que los convierte en piedra. Fafnir, que se había enamorado de la bella Valkyria y que había sido rechazado numerosas veces por ésta, se apoderó del Oro y maldijo por siempre el amor. De regreso a su cavernoso reino mandó que su hermano, el hábil herrero Mime, le forjara un anillo con el Oro. Un anillo que acabó devorando y que le convirtió en un temible y despiadado dragón que desde entonces carcome las entrañas de la Tierra y amenaza con la destrucción del mundo. Odín, cargado de ira por el descuido de su hija, por el que considera un imperdonable desacato a su ley, la persigue a ella y su amado con el final  ya visto en el prólogo. Lo que no se veía en él, y ahora sí, es que la joven, antes de morir, hace entrega de su recién nacido hijo a un nibelungo que pasa por allí huyendo de la locura de Fafnir. El nibelungo es el herrero Mime y el niño es Siegfried. De esta forma  vamos viendo, a través de las imágenes conjuradas por Volvä, la dura infancia del niño, junto al cascarrabias Mime y una manada de lobos, en la frondosidad del bosque. Vemos cada uno de los pasos, aventuras y sucesos que lo llevarán a su incierto enfrentamiento con el dragón Fafnir, en pos de su destino.



Alex Alice juega con maestría y firme pulso con diversas líneas temporales a lo largo de los tres albums, reforzando la idea del inamovible destino. Consigue construir, ya sea sirviéndose del pasado, del presente o incluso del futuro, un relato sólido, épico y terriblemente dramático, digno de la grandiosidad mítica de la leyenda a que hace referencia. Eso no quita que haya momentos para el humor, la ternura y lo íntimo. Más bien al contrario, la savia de la que se nutre esta colosal aventura se encuentra en los sentimientos de sus personajes, ya sean hombres, dioses o nibelungos. “Siegfried”, el cómic, sabe combinar a la perfección lo intimo y lo épico, lo pequeño y lo grande, las pasiones y deseos de unos personajes con una grandilocuente y mayúscula lucha por la salvación del mundo. De hecho, todos los personajes se verán siempre superados, una y otra vez, por sus sentimientos más profundos, incluso aquellos que debieran estar por encima de ellos. Alice nos ofrece así una galería de personajes fantásticamente construidos, que encajan a la perfección en una historia que les trasciende a todos ellos.

El artista francés logra tocar varias teclas a lo largo de ésta, su particular sinfonía. Teclas que no se encuentran en Wagner, ni en "El Cantar de los Nibelungos”, pero que dotan al relato de nuevos e insospechados ecos como, por ejemplo, el humor y la profunda ternura de la relación entre Mime y Siegfried, pese a sus más evidentes diferencias. Humor que también se trasladará a la relación entre Mime y Grane, el corcel volador, y que siempre estará perfectamente medido y controlado para no quebrar la épica y dramatismo general de la obra. Alice es consciente que, para conseguir emocionar al máximo al lector con las escenas  épicas y dramáticas, antes tiene que ir construyendo con esmero un lazo de conexión empática de éstos con el lector, de manera que éste no sea indiferente a lo que les pueda suceder. Una de las formas de conseguir tal vínculo es con esas escenas,  simpáticas y distendidas, que nos muestran el lado más tierno y divertido de los personajes. Eso no quita que los aspectos más feos y despreciables  se nos oculten. No. Alice también nos muestra las caras más detestables de todos ellos: su egoísmo, su obstinación, su crueldad, su falta de piedad, su ambición... Pero como en todo buen personaje ni los unos ni los otros agotan su personalidad, definiéndolos férreamente,  si no que conviven en esa sutil amalgama basculante que es el carácter de cada uno. Incluso Fafnir, el más arquetípico y plano de los personajes, una suerte de mal encarnado, encuentra la fuente de su odio en el despecho y el desamor. En el fondo no es más que un pobre desgraciado, que viendo frustradas sus aspiraciones amorosas, maldice el objeto de su daño. ¿Hubiera habido Fafnir-dragón si su amor hubiera sido correspondido? Seguramente no. Y es que “Siegfried” es, por encima de todo, un canto al poder del Amor. Pero que nadie lo interprete como un amor noño e ingenuo, como una historia sensiblera, porque no es así. Es un canto al poder del amor en todas sus facetas y afluentes: hacía los hijos, hacía la pareja, hacia los amigos, etc…y, como no, en su más desviadas manifestaciones o ausencias: los celos, el egoísmo, la envidia, el rencor, la inmisericordia, etc. Es un amor fuerte,  capaz de superar y subvertir todo, de doblegar incluso lo indoblegable. El mismo Odín, que ansia el pleno control sobre la creación, dirá de él que es “el origen de todos los males”, y lo dice porque escapa a su poder, porque es imprevisible, porque cala hasta en aquellos que son fieles a su ley y designios. Por eso se le ofrece el dilema de conquistar el poder absoluto,  el Oro del Rin, el anillo del nibelungo, que implicaría la destrucción total del amor…o sucumbir ante éste último y dejar el mundo a su libre albedrío, más allá de su ley.  Este es el dilema que se le ofrece al padre de todo. ¿Podrá el amor ayudar a Siegfried en su lucha con Fafnir? ¿Podrá el amor romper la inquebrantable lanza de Odín? ¿Significará eso el ocaso de los dioses?



Qué duda cabe entonces que  uno de los temas principales de la obra, y de la obra wagneriana, es la lucha del amor, que se asocia a la naturaleza y la libertad,  contra el poder, asociado a la civilización y la ley. ¿Y qué significa el anillo? Pues eso dependerá del sentido que cada lector le atribuya. Algunos han querido ver en él una representación de lo industrial y su poder alienante sobre el hombre libre, primitivo y esencial, convencido amante de la naturaleza. Pero da igual. La historia que nos presenta el “Siegfried” de Alice no requiere de interpretaciones en clave sociológica ni psicológica para ser plenamente disfrutada y entendida. El poder de sus imágenes, de su épica, es tal que no requiere de ello para alzarse a  cimas del noveno arte que pocos alcanzan. Es una conmovedora y vibrante historia de dioses,  héroes y magia.



¿Hay diferencias argumentales entre la obra de Wagner y la de Alex Alice? Pues sí, las diferencias son numerosas. Algunos personajes  no existen en el original wagneriano (Völva),  otros no aparecen en la versión de Alice ( Loke, Fasolt, etc), y otros suponen una reinvención. Por ejemplo, Fafnir, aquí un nibelungo,  supone en gran medida una fusión del Fafnir (gigante)  y el Alberich ( nibelungo)  de la ópera wagneriana. La madre de Siegfried no es una Valkyria, como aquí, si no Sieglinde, una mortal (nacida de la relación de  Odín con una humana), que concibe  un hijo con su hermano mellizo Siegmund, mancillando el honor de su legítimo pero detestable esposo Hunding. Un sacrilegio que Odín deberá castigar muy a su pesar.  Y aún hay muchas más variaciones y cambios,  que lejos de ser un pero a la obra de Alice, son un acierto, ya que se mantiene la carga épica y dramática del original pero con una renovación del material de base  que el lector, ya versado en los antecedentes, agradece. Alice se sirve de esos referentes para crear una historia nueva, fresca,  que respeta el espíritu original y muchos de sus ejes centrales, pero que tiene una personalidad propia. 




Para aquellos que quieran una adaptación más fidedigna y fiel a las óperas wagnerianas les recomiendo, sin dudarlo, la magnífica versión de P. Craig Russell que, además de ser un brillante dibujante y  hábil adaptador, es un profundo conocedor de la materia. Aunque, vaya por delante, que  recomiendo sobretodo  leer ambas ya que ambas suponen un maravilloso y diferenciado acercamiento a una saga que hunde sus raíces en el mito ( por cierto, que ya existe un integral sobre la de Russell - yo la tengo en cuatro volúmenes- pero aún no de la de Alice). 




¿Y qué hay del apartado gráfico a cargo del mismo Alice? Sinceramente me parece un trabajo realmente asombroso, en la línea también brillante del que él llama su “hermano de armas”, Mathieu Lauffray (Long John Silver, Prophet…). Alice ofrece un continuo espectáculo visual de primer orden donde se aprecian diversas influencias, como el lado más realista de la factoría Disney o el Manga, pero siempre modulados por su propio estilo. Su dominio de los paisajes  y las panorámicas es fascinante. Unos paisajes atmosféricos y narrativamente esenciales, porque en “Siegfried” el paisaje y los elementos (lluvia, viento, nieve, etc) son personajes de especial relevancia. Sus ilustraciones captan a la perfección la grandiosidad  de la Naturaleza y la Creación, su desbordante magia y animismo, su trascendencia, que se verá encarnada en la figura de Edda, la madre Tierra. Sus viñetas, donde Mime y Siegfried son seres minúsculos frente a una inconmensurable naturaleza, son impresionantes. Alguna de ellas, como la de la plancha 40 del segundo album, demuestra por diversas razones que no estamos ante un cómic cualquiera. En ella, Mime hace mirar de nuevo a Siegfried, y de paso al lector, el paisaje frente al que se encuentran. En un principio, Siegfried, al igual que nosotros como humanos “desencantados”, que ya no creemos en el mito y que hemos perdido la capacidad de ver la huella divina en la naturaleza, ve en el paisaje una  catarata, monumental y preciosa eso sí, pero una simple catarata al fin y al cabo. Pero si lo vemos con los ojos de Mime (un nibelungo, un ser pagano y por tanto perteneciente a la esfera mítica y animista), si atendemos a sus indicaciones, vemos en ella un colosal Gigante que sujeta el agua con los brazos. En una sola escena, Alice nos muestra esas dos maneras de ver y relacionarse con el mundo y la naturaleza tan diferentes: una, la nuestra de hoy en día, y la otra, la de nuestros antepasados, que veían la huella de lo divino, con la que luego tejían el mito, por todas partes.



Por otro lado, Alice muestra un amplio repertorio en su estructuración de  página y composición de viñetas. Las hay grandes, pequeñas, con marco, sin marco, con fondo oscuro, con fondo blanco, con fondo ilustrado, de una página, de dos páginas, con las tradicionales formas cuadradas y rectangulares, con formas que amplían ese limitado espectro geométrico,  etc, etc. Y es que el francés muestra un apabullante dominio de la narración y el ritmo, ágil como el cinematográfico pero exclusivo del cómic.

Otro de los aspectos que me han llamado mucho la atención, y en positivo, es su habilidad narrativa sirviéndose exclusivamente del dibujo, de la sucesión y alternancia de viñetas, de los gestos y miradas de sus personajes, del montaje y gesto de sus acciones.  Su prosa visual es tan poderosa y operística que muchas veces no requiere palabras y Alice es plenamente consciente de ello. Por eso,  emplea las palabras justas y necesarias. Es habitual encontrar páginas enteras sin texto y, cuando aparece, siempre es traído con tino, amén de estar perfectamente engarzado con las imágenes. Y es que, para colmo, Alice escribe bien, lo que genera una fusión de imagen y palabra  de altísimo nivel.



En cuanto a la ilustración de los personajes, decir que, emplea un registro  apropiado al carácter de cada uno de ellos. Sus representaciones de Odín, de Siegfried, de las Valkyrias, son majestuosas en su tendencia realista, mientras que sus representaciones del nibelungo Mime o de la bruja Völva, más cercanas a lo fantástico, apuntan su espectro estilístico hacia otros derroteros. Mención aparte merece su colosal dragón, hábilmente manejado  en todas sus apariciones para que nunca pierda su efectismo.

El color es generoso y elaborado, acertado en su aportación dramático-narrativa, siguiendo  la línea de calidad general del conjunto de la obra.

En definitiva, el “Siegfried” de Alex Alice es, a mi humilde parecer, un imprescindible para los amantes de la aventura, el mito y la épica, y para el aficionado a los buenos cómics e  historias en general.

Aquí os dejo un trailer, como adelanto de su versión cinematográfica, que no pienso perderme llegado el momento. Además su música pertenece al inicio de “El Oro del Rin”, la brillante partitura con que Wagner abre su monumental e imperecedera tetralogía.



También, y teniendo en cuenta que éste no es solo un blog de cómics, os  animo a escuchar las interpretaciones de las óperas de Wagner realizadas por Pierre Boulez, que en el 80 obtuvo un Grammy Award a la Mejor Opera del Año, o la de Georg Solti y la Orquesta Filarmónica de Vienna, que son las que yo tengo y gusto de disfrutar de vez en cuando. 


Por otro lado, y para los aficionados al cine, os recuerdo que hay un peliculón mudo (compuesto por dos partes)  del maestro Fritz Lang que fue rodado, con todo lujo de medios para su época,  en Alemania, antes de su exilio.



  
AVISO. SPOILER. LO QUE SIGUE PUEDE REVELAR DATOS FUNDAMENTALES SOBRE LA RESOLUCIÓN DEL ARGUMENTO.

Un aspecto, muy de mi gusto, y que no he revelado arriba por no revelar a nadie más cosas de lo necesario, pero que no me resisto a dejar de comentar,  es que el ocaso de los dioses, tan temido por Odín, no radica aquí en el mítico Ragnarok, la lucha final entre los dioses nórdicos de Asgard con los temibles seguidores de Loki, si no en algo más sutil. El final de la era de los dioses, de la hegemonía de Odín, no viene con la derrota en la batalla, si no con la derrota por vía del amor. El hallazgo de Alice es presentarnos esta victoria del amor sobre la Ley como el nacimiento de una nueva Era, donde los mortales y el Amor tejerán su propia historia, al margen del designio de los dioses. Una idea bellamente representada con una amorosa escena que nos recuerda a la situación vivida por Adán y Eva, expulsados del Paraíso de la inmortalidad, lejos del paternal tutelaje de Dios, pero que aquí es saludada con efusividad por parte de ellos. Una versión pagana de la historia de siempre, aquella que sitúa al hombre como un ser libre, amo y señor de su propio destino, para bien o para mal.

La trilogía de Alice se cierra de esta forma, más  abierta y jubilosa,  sin mostrar los trágicos acontecimientos que viven Siegfried y Brunilda en “El Cantar de los Nibelungos” o en la última pieza  de  la tetralogía de Wagner. 



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Mi valoración: 9 ( sobre 10)

viernes, 31 de agosto de 2012

"BOSQUE MITAGO" de Robert Holdstock

Título Original: Mythago Wood
Autor: ROBERT HOLDSTOCK
ISBN/ASIN: 9788496208285
Género: Fantasía
Editorial: GIGAMESH
Fecha de edición: 2005

Año de primera publicación: 1985

(* Existe otra edición descatalogada del año 89 , publicada en la colección Gran Fantasy de la editorial MARTINEZ ROCA)










Jareth: DESDE LA PROFUNDIDAD DEL BOSQUE Y DE LA MENTE

"Bosque Mitago" aparece por vez primera como un relato  allá por el año 1981, en la publicación inglesa The Magazine of Fantasy and Science Fiction. Al año siguiente ya había ganado uno de los mayores premios con que se puede galardonar una obra de género fantástico: el  World Fantasy Award.  Viendo las inmensas posibilidades de su relato, Robert Holdstock, lo amplió hasta convertirlo en una novela de unas 288 páginas ( en la edición de Martínez Roca), que es justamente la que nos ocupa. 

Al contrario de lo que se pudiera esperar, una perdida del vigor o pulso originario, Holdstock tejió habilmente una de las novelas más fascinantes y singulares que haya dado la fantasía de los años 80. Una novela que le llevó a ganar, de nuevo, en el 85  el World Fantasy Award,  el British Fantasy Award y nuestro nacional Gigamesh de Fantasía, y de la que una figura reputada del género como Michael Moorcock llegó a decir: "Para mí, éste es el libro de fantasía más importante de los años ochenta; una obra para leer muchas veces y redescubrir con placer a cada nueva lectura".



Y es que si hay algo que, sin duda,  "Bosque Mitago" ofrece es una historia muy alejada de los derroteros más convencionales a los que se había entregado el género siguiendo la estela de un beatificado Tolkien. Nada tenía que ver con guerreros, magos, elfos, dragones y demás arquetípicas criaturas del género. Nada con las mediocres y adocenadas historias que una horda de oficiosos escritores alumbraron y siguen alumbrando en cantidades industriales.  "Bosque Mitago" supone un deslumbrante regreso a la literatura fantástica más pura y tradicional, que es aquella que introduce lo maravilloso, lo fabuloso, lo mágico e inexplicable, en el seno de la más mundana cotidianidad. Es decir, una fantasía que tiene su principal razón de ser en la brecha abierta entre lo común y lo único, entre lo vulgar y lo especial, entre lo real y lo irreal.  Una fantasía con visos de credibilidad, porque no tiene lugar en tierras remotas ni mundos imaginarios sino en el mundo tal y como lo conocemos. Esto es algo que Holdstock parece tener muy claro, ya que contextualiza su historia en 1947, en algún lugar del condado de Herefordshire, en plena campiña inglesa. Además, se sirve de la narración en primera persona para dotar de una mayor entidad y verismo, de una "voz propia", a su personaje protagonista, con el que el lector  paulatinamente ser irá identificando, emocionando, y en definitiva, descubriendo la excepcional aventura que éste se encontró a su regreso de la Segunda Guerra Mundial.  



"Bosque Mitago" nos narra la historia de Steven Huxley, el menor de dos hermanos, a su regreso a Refugio Roble, el hogar, construido junto al misterioso bosque Ryhope,  en el que junto con su hermano, Christian, su difícil padre, George, y  su madre, gravemente enferma, vivió su infancia y adolescencia.  Steven sabe, ya antes de su regreso, de la muerte de su padre víctima de una enfermedad ( su madre murió mucho antes ), pero lo que no sabe, ni espera encontrar a su regreso, es que su hermano , al que encuentra irreconociblemente  envejecido y dejado, parece haber heredado la obsesiva e inquietante fascinación de su padre por el bosque. Por si fuera poco, éste le revela que Guiwenneth,  la chica de misteriosos orígenes, con la que había contraído matrimonio y de la que le habló felizmente por correo, se ha marchado. Cuando Steven intenta indagar en el motivo y lugar de la marcha de la mujer de su hermano, únicamente recibe por respuesta de éste: "Pertenecía a papá, se ha ido, y no hay más que hablar".  Poco después Christian, que se ha vuelto inquietantemente huraño y distante, se adentra en las inmensidades del  bosque.  Un bosque donde el tiempo y el espacio se distorsionan de tal manera que se diría interminable.

Ante la larga ausencia de su hermano, a Steven, no le queda otra que bucear en los escritos de su padre para descubrir el insondable misterio que los acecha. De esta forma va descubriendo más acerca los extraños fenómenos localizados en el ancestral bosque y de los "mitagos", esas insólitas criaturas  alumbradas por el inconsciente colectivo, que habitan en el bosque, y que él ya de pequeño había atisbado en sus lindes. Criaturas tales como el legendario  Robin Hood, los shamiga,  el temible y voraz Urscumug, una bestia a camino entre el hombre y el jabalí, y tantos otros. Pero, cuando uno debe resolver un misterio, al final no tiene más remedio que zambullirse de pleno en él. Es así como Steven Huxley, en compañia del piloto Harry Keeton, se adentrará en el insondable bosque Ryhope en pos de su hermano, en pos de un secreto familiar largamente oculto, en pos del amor, en pos de Guiwenneth...


Este es a grandes rasgos el argumento principal de "Bosque Mitago". Algunos pensaran que la idea del bosque encantado y del reino o mundo oculto no son precisamente nuevos, y tiene razón.  Ahí está, por ejemplo, "El mundo perdido" de Conan Doyle. Pero la habilidad y mérito de Holdstock es darle a esas ideas clásicas una nueva dimensión y frescura,  haciéndolas compatibles con las teorías psicologistas de Jung, con el racionalismo del mito,  sin perder por ello su esencia de composición esencialmente "mágica".  El autor inglés consigue así hacer algo similar a lo que Lovecraft o Hodgson lograron  con el género de terror: la creación de un fascinante cosmos que hunde sus raíces en los recovecos más primarios de la psique humana, sin desdeñar la verosimilitud y la ciencia. Las similitudes con Lovecraft y Hodgson no se acaban aquí ya que, al igual que ellos, gusta de la narración en primera persona para crear una atmósfera cautivadora, subyugante y envolvente, que no suelta al lector.  Un recurso que bien dosificado y administrado, como es el caso, permite que el lector vaya participando de las vivencias y descubrimientos del personaje a medida que éste se las narra. Un modo de narración directo que siempre deja espacio para lo incognoscible, para la inagotable pregunta y para lo infranqueablemente velado, ya que su irrenunciable subjetividad impide el conocimiento completo y "objetivo" que otorga un narrador omnisciente. Y más cuando lo que nos ocupa es lo fantástico. Conviene recordar aquí  las atinadas, y ya citadas, palabras de Moorcok: "una obra para leer muchas veces y redescubrir con placer a cada nueva lectura".



"Bosque Mitago" es una novela deliciosa que uno debe leer sin prisas, saboreando y captando intensamente sus múltiples matices y aromas. La sensación omnipresente del bosque está tan lograda que uno incluso se puede llegar a sentir su olor, su humedad... Y es que Holdstock apunta su certera prosa más allá del sentido de la vista.  Pese a todo su estilo es tremendamente sencillo, en absoluto barroco.




El lector  que se adentre en sus dominios podrá disfrutar de unos personajes sencillos pero bien definidos, algunos de ellos odiosos otros cautivadores. Podrá conocer a  la hermosa Guiwenneth y caer, como los Huxley, rendido a su encanto. Podrá saber de la suerte de los hermanos Huxley en sus andanzas en el interior del bosque. Y, en definitiva, podrá participar de la emoción  de descubrir uno de los lugares más sugerentes que ha dado la literatura fantástica en los últimos treinta años. 


Llegados a este punto, creo que es conveniente lanzar un claro mensaje para navegantes.  Que nadie espere una novela de pura acción, de continuas luchas y batallas, y trepidantes e incesantes pericias. No. Y si es así esta no es la novela que buscan. Esta es una novela no convencional dentro de su género, con un ritmo distinto. Los sucesos en "Bosque Mitago" son de otro orden, aunque también  haya enfrentamientos y luchas.  Es una narración atmosférica, de exploración y, por tanto, de descubrimiento. Un viaje hacia un ancestral misterio, que absorbe a medida que se sabe más. 

Visto lo visto, no es de extrañar que Holdstock siguiera desarrollando el potencial de su creación con otras novelas, como  "Lavondyss", la supuesta continuación de "Bosque Mitago", tan lograda o más que su predecesora. Aunque los protagonistas, a excepción del bosque, son otros  y pueden ser leídas de forma independientemente, ya que son historias conclusas, os recomiendo que os iniciéis con la que nos ocupa. Los restantes títulos, desgraciadamente, no han sido editados en nuestra lengua, probablemente porque los manidos seriales de turno sean más rentables.  Desconozco su calidad puesto que sólo he leído las dos editadas en España. Por si a alguien le interesa, en total, la saga del bosque Ryhope se compone de siete libros independientes  que son: Bosque Mitago (1985), Lavondyss (1988), The Bone Forest (1991), The Hollowing (1993), Merlin's Wood (1994), Gate of Ivory, Gate of Horn (1997) y Avilion (2009).  Desgraciadamente Holdstock abandonó tempranamente este mundo en 2009 con tan sólo 61 años. Nadie sabe que otras joyas hubiera  podido dar a la literatura fantástica, pero el legado de esta saga, por si sólo,  hará que su nombre siempre sea escrito con mayúsculas en el género que tan bien cultivó y, lo que es más aún,  que un buen número de lectores  le sigan rindiendo culto de la mejor de las maneras: leyendo sus libros.  


Mi valoración: 9 ( sobre 10 )



viernes, 24 de agosto de 2012

"CORTO MALTÉS: LA JUVENTUD" de Hugo Pratt

Autores: HUGO PRATT
Título Original: La Giovenezza
Primera Publicación: 1981
Edición: 2011
Formato: Cartoné
Tamaño: 22 ’5 x 29 ’7
Páginas: 88
Color: Color
ISBN: 84-96325-59-8
PVP: 18,00€











Jareth: JUVENTUD, DIVINO TESORO


Hace ya bastantes años desde que leí, por primera vez,  una historia de "Corto Maltés" y, desde entonces, no he dejado de leer aventuras de este cautivador paradigma del impenitente viajero-aventurero surgido de las privilegiada mente del italiano Hugo Pratt. Esa primera historia fue "El secreto de Tristan Bantam" , a la que seguirían muchas otras, a cual más magnífica, como "La balada del mar salado", "La laguna de los hermosos sueños", "Fábula en Venecia", "La casa dorada de Samarkanda", etc, hasta llegar a la que nos ocupa, que curiosamente es una de las pocas que me quedaba por leer.  A diferencia de lo que pueda dar a pensar el título, ésta no es la primera de las aventuras de Corto Maltés o sí lo es, pero en un sólo sentido.




Corría el año 1981 cuando Pratt recibió de Claude Perdriel, director del diario francés Le Matin, la oportunidad de hacer una nueva serie de su personaje más popular.  La historia sería publicada siguiendo el modo americano de publicación en diarios, es decir con una tira diaria y una página a color los fines de semana. Pratt decidió que estas nuevas aventuras estarían centradas en la juventud de Corto Maltés, es decir con anterioridad a la célebre "Balada del Mar Salado"( 1967-69), que es la primera obra de Corto Maltés realizada por Pratt y era, hasta el año 81, la más antigua dentro de la propia cronología del personaje.  Por eso antes decía que "La juventud" es la primera aventura de Corto pero sólo en un sentido, en el que es donde el personaje aparece más joven, ya que tiene lugar en algún momento entre 1904 y 1905, mientras que "La balada del mar salado" está ambientada entre 1913 y 1915. El Corto de esta "juventud" cuenta con tan sólo 17 años, aún no lleva sus características patillas, ni en ningún momento se le ve con su inseparable cigarrillo. Esos son los pocos y únicos cambios que pueden apreciarse en el marino, ya que pese a su juventud se le percibe desde el primer momento como  un hombre hecho y derecho, probablemente debido a sus tempranas y numerosas experiencias vitales. 




Otro de los motivos por los que decía que esta es tan sólo "la juventud" en un sólo sentido es que, a diferencia de lo que pudiera uno esperar, Corto aparece bien poco, tarde y de manera casi anecdótica. Los personajes principales de esta aventura son otros: un joven Rasputin y un curtido, pero también joven, Jack London. El motivo es que Hugo Pratt perseguía, en un principio, hacer una serie más larga, donde el joven Corto tendría más presencia, pero sus insalvables desaveniencias con Perdriel le llevaron a realizar una historia bastante corta y donde, como ya decía, Corto aparece bien poco. De hecho no aparece hasta plancha 50 de un total de 65 que tiene la historia. Su aparición por ello está muy bien trabajada. Habilmente Pratt va avanzando en la narración sin necesidad de Corto, generando en el lector la inquietante expectativa del cuando y cómo aparecerá, y jugando con el hecho de que Jack London, el auténtico "Corto" de la historia, lo busca sin éxito.  El climax se resuelve fantásticamente cuando Corto aparece en la figura de un luchador de "kendo" que se quita la mascara protectora y dice en un plano frontal: "¿Me andabas buscando?" Es una escena brillantemente planteada, porque Pratt no solo resuelve la búsqueda de London, a quién directamente va dirigida la pregunta, si no también la del lector, desorientado ya por la larga ausencia de su héroe, y que podría tomar la pregunta de Corto como una pregunta lanzada directamente sobre él. Una resolución al alcance de muy pocos. 





¿Pero si, en "La juventud", Pratt no nos cuenta la juventud de Corto Maltés qué nos cuenta? 



La historia da comienzo en un campo de batalla en algún lugar de Manchuria, China, entre los años 1904-1905 dentro del conflicto que enfrenta a rusos y japoneses en sus respectivas expansiones imperialistas. De repente, suena un poderoso pitido que indica el fin de la contienda y la rendición por parte del bando ruso. Un oficial japones, altivo y orgulloso, observa su victoria  desde un promontorio cuando es alcanzado por una bala. ¿ Pero de quién, si los rusos ansían tanto el fin de la contienda como los japoneses ? La respuesta la encontramos en  un joven e imberbe Rasputín que, dentro de las filas rusas, se niega a aceptar la llegada de la paz con un tajante:  " ¡ Yo no he firmado ningún armisticio ! ¡ No han pedido mi opinión !". Así, en una sola escena, prácticamente muda, Pratt define a la perfección el irreductible carácter independiente, violento e imprevisible de Rasputín, al tiempo que inicia la historia que le llevará a conocer a Corto Maltés.






Rasputín, por si no fuera poco, mata también a uno de sus superiores, que se ha atrevido a  recriminarle su anterior acción, viéndose abocado de esta forma a la deserción y al desarraigo absoluto, si tuvo alguna vez arraigo por lo que fuera. Para su huida se pone las ropas de un oficial japonés muerto y, tras algún que otro incidente ( que en el caso de Rasputín rara vez no acaban en asesinato), consigue llegar a una cabaña de la Cruz Roja en el frente. En ella topará  con el escritor Jack London, que está allí en calidad de corresponsal de guerra, y un oficial japonés, que le acabará arrestando. London, por su parte, también deberá afrontar sus propios problemas cuando una discusión con un orgulloso y despiadado oficial japonés, experto en artes marciales, le llevará a aceptar un duelo a muerte de claro pronóstico. 




Este es el argumento principal a partir del cual Hugo Pratt, con mano maestra, irá tejiendo una sucesión de acontecimientos que le permitirán ahondar en la personalidad tanto de London como de Rasputin, los verdaderos protagonistas de la historia. Personalmente me parece un recurso fantástico, por parte de Pratt, el utilizar un personaje histórico como London para vehicular esta primera aparición de Corto y su encuentro con Rasputín. Por un lado, con ello consigue dotar de un trasfondo de verosimilitud histórica a su narración y, por otro, consigue rendir un claro homenaje al que quizás considere padre "espiritual" de Corto Maltés. Cuando uno sigue los pasos y pensamientos del personaje de London prácticamente se olvida del Maltés porque de alguna forma es como si lo tuviera presente, ya que el parecido, y no sólo físico, es evidente. London es aquí el perfecto trasunto del aparentemente impertérrito Corto Maltés. No sé si Pratt lo tendría en mente conscientemente al hacerlo pero, incluso,  se da el curioso detalle de que London aparece siempre con un pitillo en la boca al igual que Corto lo haría a partir de esta aventura, pero no en ella. Da la sensación como si London, al presentar Corto a Rasputín, para que le ayude en su huida, le cediera un difícil testigo, que de forma simbólica  podríamos interpretar como el relevo habido entre Jack London y Hugo Pratt en el señorío de la aventura. 



En un principio estaba previsto una continuación de esta obra, en la que Corto y Rasputín irían a la búsqueda de las minas del Rey Salómon, que se suponen en África. Nos enteramos en una conversación habida entre London y Tom, otro reportero, acerca del Maltés y sus planes. De hecho es hacia ese continente donde el impenitente marino parte al final de esta obra, en busca de las minas. Desgracidamente las diferencias de Pratt y Perdriel nos privaron para siempre de esa exótica aventura.

También sabemos por London algo de los misteriosos orígenes de Corto. Por ejemplo, nos dice que es hijo  fruto de una relación entre una gitana andaluza, conocida como "La niña de Gibraltar", que fue la modelo favorita del pintor Ingres, y un marino de Cornualles.  

Ya en boca de London, Corto Maltés se nos presenta como un personaje fascinante pese a sus tan solo diecisiete años. Los otros corresponsales dicen de él que les ha convencido para subvencionarle parte de su próxima aventura aludiendo que "no se le puede negar nada". Esta claro que pese a su corta edad ya es un personaje que no navega al son de otros.  Corto es como una hechizante sirena que incita a la aventura con enorme éxito, ya que apela a ese sed de ella que hasta el hombre más acomodado tiene en su interior. 



Hugo Pratt vuelve aquí a ofrecer al lector los ingredientes y elementos que lo han convertido en uno de los mayores autores del cómic mundial,  saludado por la crítica internacional como uno de los mejores narradores del noveno arte. Vuelve a ofrecer  un conjunto de personajes todos ellos perfectamente construidos, fascinantes y auténticos. Con los personajes de Pratt  uno siempre tiene esa rara y lograda sensación de que tienen una vida y una historia personal más allá de su mera función en la historia en la que participan. Un logro similar al conseguido por John Ford en películas como "Centauros del desierto", donde tanto Ethan, como Mose Harper y el resto de personajes, apuntan a aspectos de su vida que están allí, con ellos, en sus palabras, gestos y miradas, pero más allá de la historia concreta que  Ford cuenta.  Esa multi-referencialidad también era dominada por Pratt, y no sólo en este sentido, si no que gustaba de hacer continuas alusiones a ingentes y variopintos elementos geográficos, culturales e históricos, dando una consistencia y sustrato especial a sus narraciones. Quizás por eso, entre otras cosas,  Pratt sea considerado uno de los mejores creadores de personajes y de historias que han habido en este medio. Estimado, incluso, por aquellos a los que no les gustan los tebeos.



Otro de los elementos característicos de su obra que vuelve a estar presente, tan en forma como era habitual en él, es su flamante estilo literario. Y es que Pratt es probablemente el más literario de los autores de cómics. No se debe olvidar que era un hombre muy versado en literatura, de vasta cultura, y que decía de si mismo que era "un escritor" salvo que él escribía dibujando. Su prosa tiene un ritmo poético, hipnótico y cautivador al alcance de muy pocos. "Oír" a un personaje de Pratt no es leer a cualquiera. Sus frases suenan perfectas en el momento perfecto; tienen una extensión perfecta para la situación en que se dicen. Es uno de esos narradores de los cuales uno estaría continuamente tomando o subrayando frases y conversaciones, porque todo en él parece apuntar a cierta trascendencia de lo humano. Pratt se muestra en esta obra, como en tantas otras, un profundo conocedor de lo humano en su amplia variedad. Cada una de sus páginas rezuma   inteligencia y agudeza.



En cuanto a la vertiente gráfica, Pratt vuelve a demostrar su rigor y exactitud en la representación del vestuario y de los uniformes; su capacidad para construir absorbentes escenas combinando sólo  planos medios y primeros de los protagonistas; su aparentemente sencillo pero inigualable trazo y su estudiada combinación de líneas finas y gruesas, que conforman una impecable sinfonía gráfica.

Pues nada, aquí concluyo mi primera reseña sobre uno de los personajes que probablemente a más lectores  del mundo de las viñetas ha cautivado. Un personaje que hace en cada una de sus historias las delicias de los amantes de la aventura, de lo singular e impredecible, de esos que, pese a las tortas que da la vida, siguen atesorando un espíritu heroico, romántico y noble.

Mi valoración: 8 ( sobre 10 )


martes, 21 de agosto de 2012

"LONG JOHN SILVER" de Xavier Dorison y Mathieu Lauffray


Puesto que estamos en el caluroso verano, y seguramente muchos de vosotros de vacaciones, he creído conveniente dedicar una entrada a una de las mejores sagas  de piratas que he leído en cómic  hasta la fecha. Una saga que, además, se encuentra aún inconclusa a falta de publicar su último album, y que estoy seguro os encandilará si le dais una mínima oportunidad.

Su nombre genérico es "Long John Silver", y en ella dos franceses, Dorison y Lauffray, recuperan  al célebre pirata de Stevenson para devolverlo a donde mejor se encuentra: en una aventura en pos de un tesoro allende los mares. Una aventura que lo llevará a embarcarse de nuevo, con nuevos personajes, entre ellos la atractiva e intrigante mujer de un lord inglés,  a la búsqueda del más mítico de los tesoros...el legendario Dorado.

 Los albums editados hasta la fecha, y  de los que os mostraré las portadas y algunas imágenes, son:


- Lady Vivian Hastings
- Neptune
- El laberinto de esmeralda

...y el último, con el que se cierra tan fantástica saga, será "Guyanacapac".

En España están lujosamente editados por Norma editorial, y aunque son un poco caros ( 16 euros cada uno), considero que merecen mucho la pena. 




Para la ocasión he creído oportuno rescatar dos reseñas que escribí, en su día, en otro lugar, acerca del primer y tercer volumen  y que si algo expresan es el entusiasmo causado en mí  por su lectura. Aquí os las dejo por si os interesan.
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"SOLO TIENE UNA PEGA PERO...¡PACIENCIA!"


Tras leer absorto y fascinado esta primera entrega de la saga "Long John Silver", tan sólo le encuentro un reparo y es la lentitud de publicación de sus restantes entregas. En principio a razón de una por año, según me informaron en la tienda, ya que desgraciadamente el cómic de calidad francés no tiene tanta tirada en nuestro país como lo pueda tener, por ejemplo, el Manga. Fuera de este mal, que habrá que soportar con estoica paciencia, porque crea verdadera adicción, el presente cómic se me antoja una maravilla a todos los niveles. De hecho, tiene la extraña cualidad de hacer palidecer a otros bajo su sombra, porque cómics que había leído anteriormente y me habían gustado, quedan ninguneados a su lado. Es de aquellas obras que cuando uno las concluye no puede evitar el sentencioso pero enormemente intuitivo pensamiento de: "Jo, impresionante. Menuda obra maestra" A la impaciente espera de más entregas decir que, tanto a nivel visual como de guión, este cómic es toda una maravilla. Las ilustraciones de Lauffray son geniales, detalladas, impactantes, cinematográficas en su concepción, pero sobretodo capaces de trasladarte de forma inmediata y completa a un fascinante mundo repleto de aventuras...y piratas. Sus ilustraciones son tan magníficas que uno recrea su absorta mirada en ellas como si de paladear un buen vino se tratara. Y bueno, qué decir del guión de Dorison. Como son innumerables los adjetivos que vienen a mí cabeza para halagar y reconocer su trabajo, tan sólo diré que lejos de lograr su prudente objetivo de encontrar algo del polvo de aquel gran sueño que tuvo Robert Louis Stevenson, ha dado de lleno con el frasco de esencias de éste...¡John Long Silver está de nuevo entre nosotros!



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Tras la larga espera llegó "Neptune", el segundo volumen, donde la aventura ya está iniciada y los personajes embarcados rumbo a Guyanapacac. Pero la travesía no será un mar de rosas, como queda claro en este volumen, si no que los peligros serán continuos y no necesariamente venidos de fuera... 

Luego vendría el tercero, "El laberinto de Esmeralda", que me llevó a dedicarle otra sentida reseña.
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"VIENTO EN POPA A TODA VELA"


Así es como sigue, tras su tercera entrega, esta maravillosa historia de piratas, heredera del mejor Stevenson, y protagonizada por su inolvidable John Long Silver. La saga como si de una nave se tratara continua bien gobernada, con firme timón, por sus artífices los franceses Dorison y Lauffray, rumbo hacia Guyanacapac, álbum con el que concluirá tan excelente saga.


En este tercer album, la aventura ya está enormemente avanzada, con las velas completamente desplegadas y henchidas de un torrente de sucesos aventureros. Atrás han quedado esos formidables inicios donde se nos presentaba a los magníficos personajes de la saga y donde se recuperaba a ese tan controvertido pero fascinante Silver stevensoniano. No obstante, los derroteros actuales son fantásticos en otros sentidos. Por ejemplo, Mathieu Lauffray encuentra en las selvas amazónicas un maravilloso macro-escenario donde ambientar sus excelentes ilustraciones. Su labor gráfica resulta aún más admirable, si cabe, que en los números anteriores; regalando a la vista del lector unos escenarios exóticos, exuberantes, amenazantes, y ricos en peligros, o lo que es lo mismo, pródigos en aventura. Tan sólo hace falta echar un vistazo a la portada del volumen para ver a que me refiero. 






Por otro lado, el guión de Dorison mantiene su pulso intacto, conduciendo absorto al lector hacia un desenlace seguramente inesperado, donde no tan sólo importa ver como concluye la historia, si no también ver como se completa el retrato de los personajes. Personajes, que visto lo visto, aún tienen muchísimo que ofrecer todos ellos. Incluso algunos que habían quedado casi relegados a un segundo plano, como el caso del indígena Moc, aún prometen sorpresas. Porque en LONG JOHN SILVER nada, o mejor dicho nadie, es simplemente lo que parece, como no podía ser de otra forma en una historia que tiene como brújula referencial a uno de los personajes más esquivos, enigmáticos y moralmente reprobables, al tiempo que admirables, que ha dado la literatura. De nuevo, Silver, se erige como paradigma de que incluso el más abyecto de los hombres, es capaz también de albergar en su seno los sentimientos más elevados.
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...Y hasta aquí todo lo leído de esta adictiva saga, de la que espero no tardar demasiado en conocer su resolución final. Sobretodo porque sus dos autores me dejaron colgado en su también  fantástica "Prophet", aunque en este caso no creo que se atrevan a tanto ( sus editores los matarían con tan excelentes ventas ).

Para finalizar os dejo con algunas cautivadoras imágenes más sobre esta obra.

Mi valoración general sobre los tres albums: 8'5 ( sobre 10 )












...Nos vemos en ¡¡GUYANACAPAC!!